martes, 28 de febrero de 2017

En los días difíciles... Tú me salvas

Hola de nuevo... aquí Corazón reportándose.

No me ha sido fácil tener el espacio (aunque tenga el tiempo) para sentarme a ordenar mis pensamientos y todas las cosas que han pasado últimamente, no a mí... sino a mi alrededor.

Han pasado cosas tristes, de esas a las que nadie quiere enfrentarse.  Personas que estimo, sufrieron la pérdida de sus madres... otros acompañan el sufrimiento de seres queridos muy enfermos... o ellos mismos llevan a cuesta una enfermedad que les representa dolor y desgaste... hay incluso quien no sabe dónde está un miembro de su familia.  Desde luego, está quien libra luchas cotidianas porque los gastos siempre superan los ingresos, más aún si el trabajo escasea.  Bueno... hay tantos y tantos motivos para sentirse abatido.  He tratado de ponerme en los zapatos del otro y la verdad, es que pocas son las situaciones difíciles en las que me puedo imaginar cómo la pasan... en otras, definitivamente, no sabría cómo reaccionar.  Debe haber alguien en quien descansar todo el peso que llevan a cuestas... alguien que le de sentido al sufrimiento... y ese alguien solo puede ser Dios.

Dios, su amor, su ternura y su misericordia son todo lo que puede sostener a quien atraviesa la tempestad.  Las cosas no se arreglarán mágicamente... aunque para Él no hay imposibles.  Pero creo que su mayor obra es que el amor haga lo suyo.  Aunque haya silencio, de ese que ensordece... seguramente habrá un abrazo, de esos que acomodan el alma... Aunque no alcances a ver la luz, porque todo es oscuridad... seguramente habrá una mano tendida para ti, que te levante y te guíe.  En esos pequeños detalles Dios se hace presente... en esas personas que están ahí para ti, Dios te abraza y te tiende la mano.

Realmente quisiera poder hacer algo para remediar las situaciones difíciles... la verdad es que a veces no puedo ni con las mías.  Entonces, confiada en Su palabra y sabiendo que Él siempre estará, elevo una plegaria por ti y por mí... para que en todo momento nos sepamos amados y acompañados; para que aumente nuestra Fe y prevalezca la Esperanza de que el Amor es más fuerte que cualquier prueba.

Hoy te abrazo fuerte y tiendo mi mano... 

Con esta canción de Álvaro Fraile, siempre me siento acompañada... te la comparto.


Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Los amigos, reflejo del amor de Dios

Qué bendición contar con amigos...

A lo largo de la vida, nos vamos relacionando con personas que resultan afines a nosotros, aunque las personalidades sean muy distintas. Puede ser que compartamos la misma visión de la vida, que nos llenen las mismas cosas, que disfrutemos -o no- lugares, momentos... En el fondo, lo que nos mantiene cerca es que en ese otro ser nos reflejamos en nuestra mejor versión.  Para el resto del mundo, incluso para la familia, podremos estar llenos de defectos y ser, hasta cierto grado, desagradables e intolerables. Pero para alguien que coniciéndonos tal cual somos y, aún con lo que proyectamos al mundo, permanece... puedo asegurar que somos una de las mejores cosas en su vida; y ellos lo son para nosotros.

Hubo un tiempo en que me relacionaba con la gente amarrando en corazón, creyendo que así me protegía de ser lastimada... analizaba, pensaba y repensaba para darle entrada a alguien a mi fortaleza... y, quizá estuve ahí para escuchar y acompañar, pero no me confié, iba con mis cosas y mis propias fuerzas porque, aunque consieraba a mis amigos dignos de confianza, era en mí misma en quien no confiaba, yo era mi peor juez y no me sabía capaz de experimentar el cariño incondicional. No se lo recomiendo a nadie.

Definitivamente, en los momentos más difíciles de mi vida, alguien llegó y me demostró que podía llorar en su hombro y  descansar el alma en un abrazo... desde luego hablar, hablar y hablar para ser escuchada sin reproches ni recriminaciones... experimentar eso fue algo maravilloso, ahora sé que Dios estuvo ahí... y me regaló esa sensación a través de mis amigos.

Es bendición, al menos en el caso de Corazón, poder bajar la guardia, sentirme vulnerable, abrir el alma y saberme libre de expresar lo que pienso y siento... confiarme en el otro, segura de que no corro riesgo de ser juzgada y, más bien gano la invaluable escucha y el cálido acompañamiento de otro ser humano que, a su vez, deposita en mí su propia vulnerabilidad... Ahí, creo yo, el amor de Dios se manifiesta en todo su esplendor... Los amigos son el reflejo de Dios en nuestras vidas; su compañía es la promesa de Dios de permanecer siempre a nuestro lado.  Una vez más gracias a mis amigos por estar y permanecer...

Ojalá que tengas la dicha de contar con amigos y, ser tú, un amigo para alguien.

Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.

martes, 7 de febrero de 2017

Ahora te llaman mamá

Muchas veces deseé verte así de radiante.  

Cuando te escuchaba hablar con desesperanza, viendo pasar vida y tiempo sin que obtuvieras respuesta a tus ruegos, me sentía tan impotente por no poder ayudarte. Luego vi cómo hiciste todo lo humanamente posible, fuiste y viniste tras tu sueño de ser madre topándote con tantas negativas. Te acompañé cuando entre las manos se desvaneció la más cercana de las posibilidades.  Ahora puedo decirte que llegué a sentirme un tanto culpable por tener aquello que tanto deseabas:  hijos.

Querida amiga... esperé con tu espera (http://decorazonbonito.blogspot.mx/2016/10/espero-con-tu-espera.html) y finalmente tu paciente impaciencia se vio coronada.  No tienes idea de cómo está mi corazón por haberte abrazado estos días, por haberte visto radiante, por escuchar cómo cuatro hermosas vocecitas te llamaban mamá... Te vi realizada y profundamente agradecida con Dios.  Qué dicha que me compartieras un pedacito de tu felicidad... Así como dice tu pequeño que él nació de tu corazón... ahora están instalados en el mío.

Vuelvo a decirlo:  en Dios todo es propósito y sus tiempos son perfectos.  Hay partos rápidos, hay partos sin tanto dolor; otros son un padecer... después está el tuyo, que fue eterno, que fue sumamente doloroso porque lo que dolía era el alma, porque lo que se desgarraba era el corazón, porque lo que de pronto se perdía era la esperanza... pero sé que tú mantuviste la fe y por ella es que no te ha nacido uno, sino cuatro bellos hijos, que al verlos junto a ti y al valiente marido tuyo, no cabe duda de que Dios los diseñó para depositarlos en sus amorosos brazos.  Forman una familia hermosa.

Te dedico esta entrega, amiga querida, hermana del alma.  Esperé con tu espera y me alegro con tu alegría... Gracias por ser parte de este maravilloso fin de semana en el que Dios me bendijo acercándome a personas muy queridas para poderlas ver, abrazar y disfrutar... 

Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.

lunes, 30 de enero de 2017

Escuchar el silencio

Después de algo de silencio, Corazón regresa.  Y justamente en eso estuve pensando últimamente. En el silencio.  En lo difícil que a veces resulta permanecer en silencio por lo que nos representa. Estamos tan acostumbrados al ruido, no sólo al tipo de ruido molesto, como el de los autos, las fábricas, los gritos; sino también al ruido agradable, a las voces de las personas que amamos y apreciamos, a la música que tanto disfrutamos, al trinar de los pájaros, etc.  Apagar todo ese ruido externo quizá no sea sencillo, pero al menos tenemos la noche para relajarnos y descansar de él.  Lo verdaderamente valiente es darse la oportunidad del silencio interno, ese que no dejamos que aparezca, ese que desterramos porque nos llena de inquietud, ese que no sabemos enfrentar.

Es tan fácil acallar la voz interior. Tal vez por eso nos mantenemos ocupados en lo externo, para así no enfrentar lo que en el silencio alcanzamos a escuchar en nosotros.  Si te detienes, si haces un alto y te apartas del ruido, es probable que empieces a escuchar aquello que realmente necesitas, aquello que realmente quisieras hacer, aquello que realmente te pides, aquello que realmente sientes. Quizá al principio pueda ser abrumador por los primeros reclamos, por los primeros enfrentamientos contigo mismo, pero eso será sólo al principio, mientras estableces esa relación que nunca debiste perder. Igual y te enteras de que donde te encuentras y haciendo lo que haces no eres tan feliz como pensabas, que hay sueños y anhelos que no te habías dado a oportunidad de visualizar como opción para tu vida porque el ruido exterior de los "debes de" o "tienes que" no te permitieron escucharte a ti mismo.

Sería sano que de vez en cuando nos conectáramos con nuestra voz interior, para saber lo que disfrutamos, lo que nos hace felices, lo que nos da plenitud.  Podríamos, también, reconocer lo que nos duele, lo que no sabemos manejar, lo que nos impide vivir libres.  En pocas palabras, lograríamos conocernos y podríamos, así, regalarnos la oportunidad de tomar de la vida lo mejor, lo que nos permita tener paz y felicidad; a lo mejor hasta ser agradecidos.

Desde luego, en ese silencio, podríamos también escuchar a Dios.  Nos quejamos tanto del silencio de Dios... no será que hablamos tanto, que nos rodeamos de tanto ruido que no le permitimos hablar. Esperamos respuestas de Dios: le hablamos para pedirle, y nuestra lógica nos dice que debemos esperar una respuesta -desde luego favorable a nuestra causa-.  Pero antes de eso, ¿guardamos alguna vez el silencio suficiente para escuchar lo que Él tiene para decirnos?  Sería bueno, para variar, usar el silencio a nuestro favor, perderle el miedo y abrazarlo, nos podríamos topar con una hermosa sorpresa y que nos resulte agradable escuchar lo que el Padre bueno ha intentado tantas veces que sepamos:  que nos ama y que siempre está a nuestro lado.

En fin, hoy leí una frase que me gustó mucho: 

"Hay días en que Dios parece callarse.  
No te preocupes, a veces es ese silencio íntimo 
que sólo pueden soportar los que se aman."

Así que, te propongo hacer silencio, escucharte y escucharlo a Él.

Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.



viernes, 20 de enero de 2017

Basta de vacíos en el hogar

Fotografía:  Mahqui Carrillo
Es imposible que todavía pretendamos tener estas dos posturas ante la formación de los hijos:  la primera, educar como nos educaron nuestros padres.  El mundo en el que tú y yo crecimos, ya no existe, punto.  Y no dejó de existir ayer, dejó de existir mientras crecíamos, mientras madurábamos y nos convertíamos en adultos.  Atrás quedaron los benditos días en que la figura de autoridad, era eso, autoridad.  El respeto no era negociable y la vida era invaluable... Nada se quedaba al azar en cuanto a la formación en casa: había que ser honesto, trabajador, pulcro, disciplinado y eso mismo, se reforzaba en la escuela.  La segunda, darle a tus hijos todo lo que tú no tuviste y ser su amigo.  En aras de progresar, de tener lo mejor, de dar lo mejor -materialmente hablando-, se gasta la vida fuera del hogar.  Y cuando se está dentro, hay soledades y vacíos existenciales circulando bajo el mismo techo, pero aislados, ensimismados, con las miradas perdidas en pantallas de todos tamaños y mentes bombardeadas por información de toda índole.  Los diálogos se resumen a quejas, a regaños, a preguntas apuradas y a gruñidos o monosílabos forzados. Luego, cuando los hijos quieren algo, a todo se accede, para que vean que tú sí los entiendes.

Claro que en el pasado, hablar de disciplina era tema central, y la disciplina se aplicaba de manera violenta, es decir, no había mucho espacio para el diálogo; si algo tenía que hacerse se hacía o había un castigo, que generalmente era físico.  Hay quien tiene idea de que aquello sí era efectivo y que nadie creció traumado por haber recibido un golpe "a tiempo", la verdad es que es algo de lo que no estamos tan convencidos.  La buena noticia es que se acabó el abuso físico, la mala noticia es que los papás que antes fueron "abusados" por sus padres, ahora son víctimas de los hijos.  Ha quedado un hueco enorme en cuanto a la autoridad y les ha venido bien a muchos pero con terribles consecuencias.  

Es preocupante que cualquier ser humano se sienta vacío, sin sentido y sin amor... lo es más preocupante aun si se trata de nuestros niños y jóvenes.  Cuanto más se les facilita la vida, las personas han dejado de soportar, de negociar, de dialogar, de buscar soluciones... ahora es más cómodo buscar salidas en cualquier conflicto.  Los niños y jóvenes no se están sintiendo amados.  No es que falte amor, es que se les está dando de manera errónea ese amor. Y es muy lamentable que se estén acostumbrando a eso, a sentirse queridos en la medida en que se les brinden cosas y experiencias con valor monetario. Y que con tal de llevar la fiesta en paz, se les proporcionen medios para crear abismos, en lugar de buscar la forma de construir puentes.

No se puede ser indiferente ante hechos tan dolorosos como los del miércoles, cuando un muchachito lleva un arma a la escuela y dispara a la maestra, compañeros y a sí mismo.  No se juzga la vida de nadie.  Lo único que puedo pensar es en qué tan profundo era el vacío en la vida del jovencito, cuánto dolor acumulado habrá tenido... sólo él y Dios lo saben.  Y es alarmante pensar en la cantidad de seres heridos que andan circulando por ahí,  y que bajo una apariencia normal, son bombas de tiempo.

Si antes era triste ver ese tipo de noticias, un tanto ajenas a nosotros... no es nada agradable saber que ya no fue en otro país, en otra realidad;  es en México, es en nuestra realidad.  Lo rescatable es que a pesar del afán de amarillismo y morbo de algunos medios, la sociedad buscó estar por encima de eso y rechazó participar en un circo innecesario e irrespetuoso ante el sufrimiento de las familias afectadas.

En Dios todo es propósito, aun el dolor.  Así que valga esta sacudida para voltear a ver a nuestras propias vidas y las de nuestros hijos; las de aquellos que nos rodean.  Busquemos miradas, dejemos de ver a través de los demás, hagamos costumbre el ver a los ojos, a veces eso basta para sentir que existimos.  Abracemos... y dejémonos abrazar.  Por experiencia digo esto, yo soy de abrazar, me abalanzo sobre la gente... pero me cuesta mucho recibir un abrazo (ya sé, eso es muy raro, pero, así es Corazón). Digamos los te quiero y los te amo, esos no son para fechas especiales, son para personas especiales.  

En fin, no vivamos en una casa, formemos un hogar.

Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.


lunes, 9 de enero de 2017

Corazón va iniciando el año

No estaba segura de cómo iniciar este año... ¿qué decirle al mundo desde Corazón?
Habiendo tanta preocupación por cómo sobrellevar la cuesta de enero, aún con todas las buenas intenciones, y las resoluciones elaboradas, casi siempre a las apuradas del primer día del año. 

Los que se sientan frente a un escritorio a "ver por los menos afortunados" resulta que nos creen tontos y con la mano en la cintura dejan caer una serie de aumentos de precios a cosas que, aunque no consumen los que menos tienen, finalmente pagan en el aumento a todo, y entonces sí les afecta... así que tal vez mi agradecida manera de ver mi inicio de año, por las bendiciones que me alcanzan esté un tanto fuera de lugar en estos días.
Gracias a Dios, no puedo dejar de tener esperanza en que la gente se sobrepone y que, al menos en la región en la que vivo, se mantiene aferrada a trabajar y a sacar adelante familia, sueños, proyectos...

Por otro lado, el año que se fue me dejó una espinita en el alma, y la dejó ahí alguien querido. Yo estoy tranquila porque si algo he logrado asimilar en el camino es que se vive desde lo que hemos aprendido y con aquello que nuestra razón y el amor que se nos ha profesado y hemos hecho nuestro nos permite. Así que lamento que el dolor de este alguien querido haya actuado por él... pero en mí no hay daño y aunque sé que nunca he sido  santa de su devoción... ojalá la vida nos permitiera algún día soltar lo que siempre nos separó. 

Ayer escuché unas palabras fuertes y conmovedoras de mi actriz favorita, Meryl Streep, y terminó su discurso citando a la también actriz, recién fallecida, Carrie Fisher, diciendo: "Toma tu corazón roto, ¡conviértelo en arte!". Esa también es mi propuesta para el año que  apenas comienza; vivir es un arte y por más roto que tengas el corazón hoy, la única manera de curarlo es convertirlo en arte, es convertirlo en vida... en vida y luz.

Voy por un año mejor, porque esa es la finalidad de la vida... que vayamos mostrándonos más seguros, más felices, más agradecidos, más dispuestos, más sabios... así lo que venga será aprendizaje y no anclas.  Vamos dejando nuestra oscuridad y dejémonos llenar de luz... porque esa luz nos habita y es nuestra tarea permitir que llegue a la vida de los demás, aun cuando estén ocupados rumiando sus penas y sinsabores.  Lo suave, lo dulce, lo tierno y lo blando, es capaz de vencer la dureza... todo es cuestión de paciencia y fe.

Estoy feliz porque desde Corazón he encontrado mi esencia y me he reconciliado conmigo, con lo que fui, con lo que jamás pude ser... y el Padre sigue siendo generoso con sus guiños... cuando alguien me hace saber que me aprecia, me quiere, que algo de mí le causa algo positivo... entonces caigo en la cuenta de que, aunque sea muy veladamente, se alcanza a ver en mí Su amor y Su luz... y eso es impagable y me compromete a ser mejor instrumento.

Gracias por seguir acompañándome, te deseo lo mejor en este año que ya arrancó y nadie detiene.

Nos seguimos leyendo. Te deseo bonita vida... de Corazón.

sábado, 31 de diciembre de 2016

¡Feliz 2017!

Agradecida con el Padre bueno que llenó el año que concluye de bendiciones, de momentos hermosos, de gente bonita, de música para el alma y, sobre todo, de la inspiración y el valor suficientes para que Corazón saliera a la luz y empezara a compartir su forma particular de ir por la vida con quien quiera leerla...

Agradezco cada visita... ojalá hubiera comentarios para saber de ti, para comprender por qué viviendo tan lejos te llama la atención y te tomas el tiempo de leerme. Agradezco tus palabras de aliento a ti que vives cerca, que me has hecho saber de manera personal que leerme te hace bien.

No hay más que decir por ahora... me dispongo a disfrutar en familia agradeciendo las bondades del 2016 y a unirme a la esperanza de todos de que el 2017 será un año muy bendecido.

Te abrazo con cariño. Nos seguimos leyendo. Que tengas bonito 2017... de Corazón.

martes, 27 de diciembre de 2016

Perdón, aun hay algo que dar.

Una de las palabras más difíciles de pronunciar en cualquier idioma es:  perdón.  Claro que no es en sí por la palabra misma, sino por todo lo que implica pronunciarla desde lo más profundo de nosotros.  Decir perdón, implica que evaluaste una situación y concluiste que hubo una consecuencia no agradable para el otro, quizá un daño o una ofensa y como es importante para ti, le dices con una palabra que, por encima de tu orgullo, está el aprecio, cariño o amor que sientes; así que por tener paz en ti y, con la esperanza de que haya paz en el otro, pides perdón.  Sobre todo, pides perdón cuando estás dispuesto a hacer algo para remediar la situación que causa el conflicto, de otra manera es sólo una palabra echada al viento.


Hoy Corazón quiere pedir perdón.  Hay personas realmente importantes en mi vida a quienes no he sabido valorar lo suficiente o que aún consciente de su importancia en mi vida, no les he hecho saber lo mucho que significan para mí.


Perdón, Don Corazón... a pesar de amarte tanto, hay cosas con las que te sigues topando 20 años después:  mi pereza, mi comodidad, mi inseguridad, mi desidia, mi egoísmo, por citar algunos defectos que no han hecho tan fácil el vivir conmigo.

Perdón, Pollitos... con todo el amor que me inspiran, he ido aprendiendo a ser mamá al tiempo que crecen ustedes y quizá no he tomado las mejores decisiones en el camino.  Para exigirles algo, debo ser aquello que pido y hay cosas que definitivamente no pueden ser sin que yo sea su ejemplo. 

Perdón papás... amarlos sin emitir juicio me ha sido difícil y de ahí las diferencias y las distancias.

Perdón hermanos... verlos crecer tan cómplices y tan complementados me hizo verlos desde lejos y no he sabido crear un puente sobre el abismo que yo cavé.

Perdón amigos... porque estoy segura de que no estuve para ustedes en algún momento crucial de sus vidas y tiempo después supe de su enfermedad o sus problemas, cuando ya no podía tenderles una mano o brindarles mi apoyo.

Perdón Padre bueno... porque todo lo anterior ha sido consecuencia de que no he sabido amar como tú me has amado, como tú me has enseñado.  Soy apenas un esbozo desdibujado de todo lo que tú eres... pero aún así, un instrumento defectuoso que en tus manos ha logrado llegar con amor a algunos corazones  y eso me da esperanza de que no soy caso perdido y si tú crees en mí... eso me basta.

Esta es apenas una parte de los perdones que debo... y quizá no encuentre respuesta positiva, pero quería que supieran que a pesar de que pueda parecer que voy por la vida con la vida perfecta, la verdad es que no; libro mis propias batallas internas y me encuentro poco merecedora de la gracia y bendiciones que el Padre bueno derrama sobre mí, por eso las valoro tanto, por eso no puedo hacer más que agradecer a cada momento mi vida y la de mis personas.

La vida es un milagro y no vale la pena desperdiciarla siendo infelices, Corazón aún tiene mucho por dar.  Hoy más que nunca digo gracias por todo... gracias por tanto.  


Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... de Corazón.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Navidad: Jesús es la razón

Este día es de gozo porque entiendo que Jesús, Nuestro Salvador nace otra vez para volverse contemporáneo de todas las generaciones... de tal manera que fue actual en su tiempo y lo es en el nuestro.  Él trae la buena nueva:  amor y misericordia infinita para todos y cada uno nosotros. 

Año tras año me encuentro tratando de vivir mejor la Navidad... y puedo afirmarte que esta ha sido la mejor de todas.  Hoy estuve en un pedacito de cielo.  Jesús fue el centro de todo y a su alrededor estuvimos llenos de alegría, de paz, de amor; alejados de las preocupaciones y las angustias que normalmente nos aquejan.  Fue tan hermoso sentir que ahí estaba todo lo que yo podía necesitar: Jesús, Don Corazón y mis Pollos... pero además, en el alma, todas mis personas, y pude experimentar plenitud y gozo.

Es en la sencillez donde Él se manifiesta y donde nada estorba para percibirlo.  Quizá por eso nos cuesta tanto encontrarlo, porque vamos por la vida deseando tener tantas cosas, abrumados por el ruido externo y los enredos internos, queriendo ser siempre el centro, fijándonos en lo que recibimos de los demás o en lo que no recibimos; todo eso nos deslumbra, nos estorba y nos impide ver al que es la Luz... 

Mi canción para hoy es hermosísima, es de Carla Morrison, se titula Jesús... a mí me encantó. Disponte y disfrútala.


Ojalá que este día te des la oportunidad de abrir el corazón a Su Amor y lo compartas donde quiera que te encuentres. Deseo que Jesús venido al mundo en la fragilidad de un niño encuentre en ti el mejor lugar para instalarse y vivir. Que el  Amor y la Paz reinen en tu hogar. Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida y una

Feliz Navidad... de Corazón.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Perder la paz

¿Sabes algo?  Me molesta mucho esperar acciones y reacciones de la gente.  Me molesta sentirme dependiente de lo que los otros piensen, sientan o hagan.  Me molesta ver cómo me pasan de largo y luego quedarme preguntándome si hay algo mal en mí... si soy un bicho raro...  En resumen, me molesta perder mi paz por los demás.

Esa es una de mis piedras en el zapato.   Según yo trato de ir por la vida con pensamientos enfocados en el lado amable de la vida, donde me vivo mejor.  Trato de ser agradecida con Dios por todo lo que me regala a cada momento y por toda la gente bonita con quien  me coincide en el camino.  También me llena el alma esa gente, la que en un abrazo se deja amar y me transmite alegría, paz, cariño.  Soy tan bendecida por todo eso... ah, no, pero Corazón, va y ve los puntitos negros del arroz; porque no falta aquel o aquella a quien amas pero con quien no logras conectar como quisieras y, una de dos, o no sabe amarte como eres o no sabes amarlo como es.

No creas, me hago la disimulada muchas veces... me digo a mí misma que soy yo la que anda mal; que soy yo la que veo cosas raras... me pongo sentimental y voy juntando detallitos mientras veo para otro lado... je, je, je... y nada, que después llevo un buen costal de "pequeñas cosas" que pesan y luego no hallo cómo tirar.  Pero entonces, volteo hacia el lado donde está toooodoooo lo hermoso que tengo en la vida:  Don Corazón, mis Pollos, mis hermanas del alma, la gente que está ahí y que me ve con tanto cariño y que me llena de paz con sus palabras y sus detalles y, ahora también, la gente que se toma el tiempo de leer a Corazón a través de este sitio... y ¡claro que aviento el costal!  Porque es a través de lo bonito de mi vida que el Padre bueno me dice: TE AMO.  Lo demás, lo que me quita la paz es algo que yo no puedo remediar, por más que intente ser "agradable" y quiera ganarme las "atenciones" de las que no he sido merecedora con mi forma particular de ser.  Ni hablar, amar implica disculpar sin límites pero, sobre todo, cuidarse el alma para amar sin límites y agradecer sin límites todo lo que soy.

Hay tanto que aprender en la vida, tanto que madurar, tanto que valorar... Hoy opto por vivirme feliz donde estoy, con quien quiere estar de corazón cerca de mí... Bendigo y amo a quien busca  en Corazón algo que no puedo ofrecer, pero no prometo esforzarme mucho por llenar sus expectativas...  Sólo puedo ofrecer lo que soy y viendo que hay tanta gente que me demuestra cariño, creo que no ando tan mal.

Te comparto una canción de Abel Pintos, con una letra hermosa: Lo que soy... espero que la disfrutes.

Nos seguimos leyendo.  Que tengas bonita vida... De Corazón.